AutoBio 5: Ana y Mía

 Para los que se quedaron con la duda, o pensaron que se me olvidó, pues continúa la historia del Dick.

Después del baile Reggaetonero, mi novia y yo quedamos encendidas y al parecer haber platicado de esto antes funcionó, pues habíamos llegado a quedar que si algún día alguien se nos antojaba y estábamos de acuerdo las dos, nos lo echábamos. Y así fue.

Despertando el domingo nos la seguimos porque jóvenes...no, en realidad no sabía cómo era que tenía aguante, no había tenido un fin de semana tan lleno de alcohol y diversión desde la preparatoria. Y ahí no me divertí tanto. Sin embargo este fin de semana ha sido de los más extraños e inolvidables de mi vida.

Todo era miel sobre hojuelas hasta que pensamos que no teníamos condones desde hace años porque dejamos de comer nepe según desde que comenzamos a andar juntas. Y pues sí, la calentura ganó.

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Pues bien, terminando mi pubertad con el lóbulo frontal medio chiquito debido a la sobrecarga de alcohol y la falta de materia gris, comencé a jugar con mi cerebro.

Todas las mañanas que me veía en el espejo me veía fea, lo sabía, pero ahora siempre me repetía una frase “estás gorda”. Como era un juego para mí, no le contaba a nadie, sin embargo, cada vez comenzaba a notar algunas partes que tal vez si tenían grasa que no debía estar ahí, aunque eran pocas no había sido hasta que comencé a decirme eso todos los días que comencé a fijarme. Para mi desgracia ahora tenía más cosas que no me gustaban.

Para finales de 2ndo de secundaria comía poco, lo hacía a propósito pues quería quitar esas pequeñas partes que no me gustaban y que ahora veía. Mis amigas se daban cuenta que casi no comía, pero como nunca decía nada creían que sólo me aguantaba hasta llegar a mi casa. En mi casa era lo mismo, decía que había comido mucho en la escuela. Para quitarme el hambre comencé a tomar más de 3 litros de agua al día y escuché un rumor de que el cigarro ayudaba. Ahora en mi casa fumaba cuando no había nadie.

No comía, pero bien que tomaba. Desgraciadamente por eso me emborrachaba más. Mis calificaciones bajaron tanto en la escuela como en el francés. La mayoría de la culpa era que ahora no podía dejar de dormir en las tardes, eso era algo inusual en mí, pero el sueño me hacía caer como tabla. Luego intentar hacer algo de tarea y volver a dormir.

Cuando empecé 3ero de secundaria ya no me daba hambre, veía todas las etiquetas de la comida y muchas veces me daba asco comer. En mi casa se dieron cuenta, pero como seguía durmiendo en las tardes mi excusa era que estaba muy cansada. Yo ya sufría del estómago, pues de niña me gustó mucho la salsa valentina (me la tomaba como agua), sólo que en esta época comenzó a dolerme más el estómago y mi abuela siempre me reclamaba que era porque tomaba todavía salsa valentina. Un tiempo después no sólo ya no comía, cuando comía me daba demasiado asco y corría a vomitar.

Iba a cumplir 15 años muy pronto pero no quería que me hicieran nada, pues en ese momento el dinero no rendía, nunca rendía, y no quería que mi madre se preocupara por el dinero. Nunca planeé nada, ni di signos de hacer nada, pero mi familia no se sintió a gusto y mando llamar a la familia a que fueran a cenar. Eso no me pareció mal, algo en mi casa como si fuera cualquier otro cumpleaños, el problema fue cuando me dijeron que usara vestido (¿cómo para qué?). El mero día mi abuela consiguió una misa en una iglesia cerca de mi casa, sólo fueron mis padres (por fin mi padre estuvo con la familia) y terminé llorando a la mitad de la misa cuando me pidieron decir algunas palabras. Todo lo que traté de decir fue que era feliz de estar con mi familia reunida.

En la fiesta hubo comida, y me dejaron invitar a mi mejor amiga de la infancia, Sofía. Una tía fue con mi primo Diego. Él tenía unos gustos parecidos a los míos en música y como estaba aprendiendo a tocar la guitarra por su cuenta comencé a juntarme con él mucho. A él lo conocía desde niña, pero apenas estaba iniciando una amistad fuerte. Hubo mariachis, trataron de cargarme y cuando se fueron me fui a dormir, un poco feliz porque por fin habían terminado mis 15 años.

Y bueno, regresando a mi yo actual, aún no me he drogado con coca pero he pensado seriamente en ir con un profesional contra las adicciones ya que la mota resulta que si no me la quitan de la vista, no puedo dejar de quemarla.

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