AutoBio 4: Teenager
Cuando tengo ganas de escribir no puedo hacer nada más.
Me llega una idea a la cabeza, comienzo a desarrollarla y se mueve tan rápido que si no la sigo se me olvidará simplemente cómo comenzó todo, ¿por qué surgió, cómo fue que llegué a una conclusión tan extraordinaria?
Entonces pienso en cosas como la caída de la moneda, los despidos en todo el mundo, el gran cambio. Cosas que en su momento deduje y creí que me volvía loca. ¿Quién pensaría que pasaría algo como la caída de la economía? Sinceramente, esta época está llena de sorpresas, nací en unos buenos años.
Llevo 1 mes sin ver a la psiquiatra, por supuesto que sigo tomando la medicina porque soy adicta a ella, pero me he sentido sola desde entonces. Mis amigas no hablaban conmigo porque seguro pensaban estaba cúcu. Ahora que me contestan no quiero hablar con ellas.
Creo que he dejado salir a la personalidad mala un rato, creo que ha estado saliendo por momentos. Últimamente pienso en matarme, sí, ¿cómo lo haría, dónde y cuándo? Pero eso no me deprime, lo pienso por un momento y después continúo con mi arduo trabajo del día.
Soy adicta a las postulaciones de trabajo.
Una vez que decidí que quiero seguir el curso de ciberseguridad, comencé este tormentoso camino de ver cualquier postulación y postularme. Incluso estoy llevando un curso de Google gratuito de ciberseguridad, y con ello cada vez me siento más segura.
Soy adicta al THC, pero bien adicta. De todas las drogas nunca creí que esta me afectaría más, me molesta sentir esa necesidad de relajarme a cualquier costa. "Si me relajo me podré concentrar mejor", "si me relajo me sabrá mejor", "¿Y si me relajo nada más porque sí?".
Hasta he estado pensando si no debería cambiarla por la coca, esa dura menos en la sangre si me hacen antidopping.
Bueno, regresemos al relato de mi vida. Inicié la secundaria y con ello mi menstruación, por lo tanto mi pubertad inició y el momento de la verdad, donde uno genera una personalidad para toda la vida, evidentemente falló.
Las nuevas materias me emocionaban, y más porque ahora no sólo tenía 2 maestras, sino como 6. A algunos ya los conocía de vista, escuchaba rumores de la dificultad y el miedo que les tenían a algunos y de la flojera que otros entregaban en clases. Lo mejor era que no había exámenes finales en secundaria.
Para muchos fue muy difícil adaptarse, tener tareas que no se entregaban al día siguiente sino hasta la siguiente clase que podía ser en dos días o una semana fue una de las grandes dificultades, además que mamá y papá ya no podían estar detrás de uno, pues ni libreta de tareas exigían. Fue justo lo que había hecho al último de la primaria, independizarme con respecto a la escuela, así que mi mayor problema era el social.
Existía una clase optativa los viernes que teníamos que seleccionar, era teatro o dibujo. Dibujo siempre me gustó, pues yo dibujaba muy bien. No sabía colorear, pero dibujar las cosas con buena proporción se me daba fácil (lo único que nunca pude dibujar fue la cara de una persona). Cuando fui a ver la clase me dijeron que necesitaba comprar pinturas y todo un equipo para dibujo. Como no había dinero en mi casa y las pinturas eran excesivamente caras, preferí entrar a teatro, que también me gustaba y no gastaba nada hasta fin de año (en el vestuario) cuando hacían presentación en la UNAM.
De la primaria salí en 3er lugar, y los dos personajes que me ganaron se habían cambiado de escuela así que estaba decidida a obtener el primer lugar.
Un vecino que tenía, Efrén, era de 3ero de secundaria e íbamos en la misma escuela (nos regresábamos juntos con su mamá en la tarde durante la primaria), así que cuando entré a teatro me encontré con que la mayoría de los hombres de 3ero me conocían. Ellos se sentían la 8va maravilla, pero no me cohibían, nadie lo hacía (además disfrutaba de la vista), así que no fui penosa en ningún momento y ellos comenzaron a hablarme.
Aquello fue un problema al inicio ya que mis amigas del salón sentían envidia cuando yo hablaba de ellos, pues ellos eran de lo más popular en secundaria y no creían que yo pudiera dirigirles la palabra (ni que fueran dioses). Cuando eran los descansos me saludaban y hacían bromas con respecto a mi vecino (que si no me veía por la ventana cuando me cambiaba), yo los veía con cara de “están idiotas” y me seguía. Mis amigas se quedaban confundidas cuando eso pasaba, pues las historias que me “inventaba” de ellos eran ciertas. La verdad aquellos niños me gustaban, pero no eran mi prioridad, sentir que la gente te veía de nuevo era algo que me gustaba.
La primera calificación que saqué en matemáticas fue un 5. Aquello no lo tomé para nada bien. Mi hermana me decía que era normal, que aquella maestra la había reprobado muchas veces a ella en matemáticas y que sacar 9 era ser un genio. A partir de esa calificación comencé a sacar varios 9 en su materia. La señora nos había amenazado diciendo que eran personas contadas las que sacaban 9 en su materia y que la mayoría reprobaba. Después de sufrir con las tablas de multiplicar en 3ero de primaria, las matemáticas se me hacían muy fáciles, reprobar con ella no era algo que tuviera planeado.
Comencé a ir a clases de francés en La Alianza Francesa del Valle. Mi hermana acababa de terminarlo y ahora querían que yo empezara. Nunca sentí que se me dieran los idiomas y odiaba tener que despertarme los sábados a las 6am.
Como ya tenía celular me la pasaba hablando por teléfono con las amigas. Cuando llegaba a mi casa me subía a mi recámara, hablaba por teléfono y me ponía a hacer tarea. Al día siguiente era lo mismo y los sábados me la pasaba toda la mañana hasta la 1pm en el francés y en la tarde viendo la tele. Los domingos me rehusaba a ir a la iglesia, no quería ver a nadie de ese lugar. Por primera vez me pregunté si no era yo lesbiana, pues veía a algunas amigas demasiado atractivas desde que entré a la secundaria y a veces me imaginaba besándolas. Creí que no debería darle importancia pues seguro nunca pasaría algo parecido y siempre lo ignoré.
Comenzaron a invitarme a fiestas los chicos de 3ero, no iba porque sabía que habría alcohol y seguro terminaría ahogada con ellos, ya me daba cuenta de que tomando alcohol no podía medirme. Cuando mis amigas comenzaron a llevarse también con ellos comencé a sentirme desplazada, pues parecía que “mis amigas” sólo querían tener un vínculo con ellos y ahora hacían lo posible por organizar salidas donde no me incluyeran. Comencé a juntarme con otras niñas (aquellas a las que nunca invitaban a nada) y empecé a organizar salidas para conocernos mejor. No eran aburridas, sólo no les gustaba sobresalir.
Algo cambió al juntarme con ellas, pues poco a poco dejaron de ser tan calladas, y pronto los de 3ero de secundaria ya nos invitaban a salir a fiestas. Para ese entonces mis fiestas se convertían en alcohol y el cigarro poco a poco comenzó a entrar también. La situación en mi casa seguía tensa y mi padre era pocas veces bien recibido. Él aún no encontraba trabajo y se la pasaba viviendo con alguno de sus hermanos. Lo extrañaba demasiado, pero en mi casa nunca se tocaba ese tema (salvo cuando me peleaba con mi madre y decía la típica frase “pues vete con tu padre”).
A finales de 1ero de secundaria comencé a sentirme triste la mayoría de los días, así que me resguardaba en la música de Evanescence, lloraba un poco y después dormía. Me peleaba mucho con mis antiguas amigas y prefería no platicar con las nuevas. Cualquier cosa que pasara me hacía sentir mal y regresé a esconderme en los libros, sólo que había una pequeña diferencia, parecía que concentrarse era un poco más difícil, no podía escaparme tan fácilmente, y me quedaba viendo el techo de mi cama toda la tarde hasta la noche.
Un día me enteré de que el papá de Efrén había muerto por una lombriz que se le había instalado en el cerebro y Efrén comenzó a tomar demasiado, dijeron que incluso se metía otras cosas. Yo nunca me llevé muy bien con él, pero sentía que tal vez me debía acercar. A veces lo veía pasar en la calle cuando iba a la tienda y me preguntaba si algún día terminaríamos siendo pareja tal vez, pues no estaba tan feo como siempre decía. Terminando tercero se salió de la escuela y se mudó, no sabía nada de él.
Segundo de secundaria pasó un poco más rápido, la escuela no me importaba tanto, pero había momentos en los que me llegaba a sentir realmente mal por sacar malas calificaciones. Las salidas comenzaron a aumentar los viernes, el alcohol y el cigarro igual. Ya era normal verme en una tienda comprando cigarros con una amiga para fumarlos en la fiesta o afuera de la escuela.
Mis amigas que eran más grandes que yo comenzaron a cumplir los 15 años, las fiestas eran sin padres, en antros algunas, y por supuesto que había alcohol. El alcohol se volvió parte fundamental en mí, ya no sentía que podía ser feliz sin él, pues los únicos momentos en los que reía sin parar y disfrutaba de las babosadas que hacía y hacían era cuando estaba borracha. Los demás días eran equis, o tristes.
Un día se me ocurrió cortarme la muñeca. No quería suicidarme sólo quería saber qué se sentía. Estando en el baño con un cuchillo de cocina comencé a sentir el ardor y luego dolor que eso ocasionaba. Extrañamente después de un rato dejé de sentir y comencé a cortar con más fuerza. El cuchillo parecía no cortar más, algo más duro la detenía, además que tenía dientes el cuchillo así que al no sentir me dio miedo y dejé de hacerlo. Como lo hice más en el brazo que la muñeca no salió mucha sangre, y parecía una cortada no muy profunda así que no le di importancia, hasta que, en unos 15 años de una amiga, un amigo, mi novio de la primaria, la vio porque llevaba vestido.
En alguna clase de humanidades nos hablaron sobre la anorexia y bulimia, se me hizo tonto que las personas vieran algo distinto a lo real en el espejo, parecía mentira, así que decidí probar si era posible engañarse a uno mismo.

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